Inquietudes ineludibles
Varias semanas llevo rumiando cada palabra de este texto, buscando cierta belleza, desentendiéndome de las prisas académicas a las cuales estoy acostumbrado. Surge de un cúmulo de ideas que, desde hace casi dos años, evito anotar en cualquier recordatorio y aún así resisten el olvido. Pero el fondo, el sentido mismo de escribir y de intentar hacerlo de manera cuidada, tiene que ver con el valor de la vida, con el desacuerdo a que ella sea violentada por el avance de la producción en serie. José de Sousa Silva dice que, en tiempos de tantas crisis, «la felicidad es un privilegio de muy pocos: los no domesticados por la civilización del tener ni afectados por sus violencias, desigualdades e injusticias. Los demás son espíritus sin reposo»1. En mi búsqueda, en esta exposición artesanal sobre algunos aspectos del presente, practico un ocio que rehuye del entretenimiento e intenta mantenerme fuera de este último grupo.
Mariana Enriquez dijo, hace poco, que «la estética de este momento es la estética del fragmento», de un contenido corto que no es genuino y del avance de la creación no-humana sobre la creatividad ingenua. Contó que el doom-scrolling2 le recuerda a las madrugadas, de treinta años atrás, mirando infomerciales en la televisión y sintiéndose apabullada por una experiencia sin sentido, por un «vacío total».
En esta distopía hueca, la máquina ha perfeccionado el arte de doblar la voluntad sin quebrarla, mientras nos han convencido de que algunos son culpables de haberse abandonado frente a la pantalla. Pero no hay uso correcto de las redes. Quienes creen que los primeros días usando una nueva red social consisten en “entrenar al algoritmo” para que éste les muestres lo que ellos quieren ver, se entregan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben— al proceso inverso: se someten al cálculo de las dosis adecuadas y de entrenamiento de su voluntad para soportar una reiterada exposición a aquello que el algoritmo quiere mostrarles. «No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj»3.
Cuando nuestra súper escritora nacional nombra la «estética del fragmento», resuena en mí el eco de otro tema: la exposición de Fio Sargenti sobre el éxito de varias películas y series que reviven la leyenda de los doppelgängers, reubicando su potencia en el mundo contemporáneo mediante el recurso del desdoblamiento (o fragmentación) de la identidad de sus protagonistas4. Sospechas asoman sobre el auge de esta metáfora: es observado como síntoma del hartazgo sobre la performance del parecer-tener, del disfraz que se llena de likes y debajo suyo sólo queda ausencia.
Todo, dentro de las plataformas digitales, se reduce al cálculo cuantitativo para que todo, fuera de ellas, también lo haga. No distinguimos ya entre publicidad, arte, propaganda y entretenimiento porque vivimos para vendernos. Advierten Luci Cavallero y Verónica Gago que somos un pueblo pluri-endeudado, que «estamos todos bailando el baile de la deuda» y que, en ello, agotamos nuestra creatividad produciendo para otros. Nos queda ser para otros, para quienes nos han privado del sitio en donde deberíamos construir el altar que constituya nuestro sentido de la vida. Queda ahí más que «vacío»: deuda. «¿Y este insomnio, de quién es?».
Espíritus sin reposo, incapaces de soñar, desahuciados de la dirección de su futuro, endeudados, desesperados, fragmentados en su identidad y sentido de la vida: la existencia oscila entre el zombie y la máquina5. Aparece —a propósito— el doppelgänger artificial para aumentar la productividad, reducir la humanidad, anular el pensamiento y obstruir la creatividad. ¿Nos seguiremos preguntando, acaso, de dónde surge el déficit de comprensión lectora, nuestra crísis de metáforas? Hacemos lo posible en un tiempo que las aborrece, que asemeja «pensar» a «seguir los pasos correctos», burocratizando toda subjetividad, vaciándonos totalmente. Somos, solamente, el recurso en disputa en la guerra cognitiva6.
«Inauténticos», «duales», «seres que ‘alojan’ al opresor en sí»: Paulo Freire ya disputaba, en los setentas, contra la civilización del tener. Abogaba por la recuperación de nuestro altar. Es necesario que los oprimidos «descubran que ‘alojan’ al opresor» para poder «contribuir a la construcción de su pedagogía liberadora»7, pero no alcanza para el condenado —a la deuda, al insomnio— la elucidación del origen de sus deseos: debe oponerse a ellos. No hay desafío mayor.
Frantz Fanon nos exhorta a modificar el fundamento de nuestro ser y transformar «a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados»8 de la historia. Acabar con el desdoblamiento implica el vértigo de ridiculizar nuestra forma de vida y construir una nueva sin saber cómo. En este escenario, no habrá pasos correctos, sólo ingenuidad creativa y genuino riesgo de vivir. Será el infierno de los tecnófilos —esclavos dichosos de la máquina— creyentes de la perfectibilidad social y de que el futuro se construye al ritmo de la innovación tecnológica. «Desconfío de tu cara de informado y de tu instinto de supervivencia».
La des-burocratización —la reivindicación de la vida— es un «fenómeno violento»9, y su punto de partida es una pedagogía orientada por la representación metafórica. Las metáforas son generadoras impredecibles, salen de ellas significados inesperados, son una composición clara de lo dado y una pista murmurante del porvenir. Traen consigo una realidad compleja: reclaman, frente a la máquina, el desafío hermenéutico como actividad exclusivamente humana; impiden toda vacuidad y computarización; presumen su inagotabilidad; resisten la falta de sentido y nos comprometen a desafiar toda verdad absoluta. Abrazándolas, bailaremos al ritmo de la vida.
1. de Sousa Silva, José (2013) La pedagogía de la felicidad en una educación para la vida. El paradigma del "buen vivir"/"vivir bien" y la construcción pedagógica del "día después del desarrollo" en Walsh, Catherine (ed.) (2013) Pedagogías decoloniales. Prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir. Tomo I. Ediciones Abya-Yala: Quito.
2. El fenómeno de scrollear (mirar una publicación tras otra) sin parar, hasta la perdición, hasta estar atrapado y perder todo el tiempo del día, todo deseo, todo sentido sobre lo que se está mirando.
3. Cortázar, Julio (1970) Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj. Disponible en este enlace y, también, leído por su autor.
4. Los doppelgängers son frecuentemente asociados a los “gemelos malvados” y a otros tipos de situaciones en las que se encuentran dos personas idénticas en apariencia. En la actualidad, pero ya desde clásicos como El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), se ha debilitado la definición de los doppelgängers, probando nuevas metáforas a partir de su idea original. El éxito más reciente es el de la serie Severance (2022), en la que el protagonista se presta, voluntariamente, a que la empresa para la que trabaja le divida la mente en dos: Mark S. desconoce hasta su apellido, y sólo vive durante sus horas laborales; Mark Scout sale de la oficina sin saber qué.
5. «Al final, siempre se trata de zombies», decimos frecuentemente con Sofi al notar que las metáforas de los no-muertos, de los virus, de la enajenación, de los parásitos y de la deshumanización abundan cuando se busca caracterizar la putrefacción del presente. ¿Es acaso un zombie algo distinto a un ser desdoblado, a un cuerpo vaciado totalmente?
6. La desinformación, las adicciones (al juego, a la pornografía, al contenido basura), la publicidad, el insomnio y el vacío sobre el sentido de vivir constituyen tácticas bélicas que tienen como objetivo la apropiación del territorio que es nuestra psiquis. Las armas en esta guerra son las crisis, las redes, las deudas y los modelos extensos de lenguaje (como ChatGPT). Benjamin Netanyahu, genocida número uno de nuestro tiempo, es contundente al respecto. Créditos a @DaniMayakovski (en Twitter) por los subtítulos del video. Ofrezco un link alternativo, en caso de que el primero no funcione.
7. Freire, Paulo (1970) Pedagogía del oprimido. México: Siglo XII editores. 2da edición en español (2005) (pp. 42-43).
8. Fanon, Frantz (1961) Los condenados de la tierra. México: Fondo de cultura económica. 2da edición en español (1965) (p. 31).
9. Nuevamente Fanon, sosteniendo que la descolonización «es siempre un fenómeno violento» porque «es simplemente la sustitución de una "especie" de hombres por otra "especie" de hombres. Sin transición, hay una sustitución total, completa, absoluta» (p. 30). En esta misma clave, «La descolonización realmente es creación de hombres nuevos» y, en ella, hay «exigencia de un replantamiento integral de la situación colonial» (p. 31).