Las redes de la democracia

Índice

  1. Introducción
  2. Redes sociales centralizadas
    1. Redes vigilantes
    2. Redes publicitarias
    3. Redes de hegemonía
    4. La democracia imposible
    5. Hablemos de Twitter
  3. Redes sociales libres
    1. ¿Qué es Mastodon?
    2. ¡Viva la Santa Federación!
    3. Una normativa federal
    4. Redes del cuidado
    5. Redes orgánicas
    6. Cómo financiar la libertad
    7. Los límites del paraíso
    8. Un futuro prometedor
  4. Palabras finales
  5. Bibliografía y recomendaciones

A. Introducción

Esta publicación nace de mi amor a Internet, de la decepción y preocupación que tengo al ver cómo está gobernada y cómo habitamos hoy la red, del contexto actual que ha traído este tema a un público masivo y de la necesidad de que esta discusión llegue a los círculos canónicos de la política nacional argentina.

La idea de este artículo es abordar desde un enfoque político las redes sociales. Para lograr esto será necesario hacer aclaraciones sobre la tecnología que opera detrás de escena condicionando la forma en que interactuamos en y con la virtualidad. Estas aclaraciones intentarán ser breves y accesibles, de manera que cualquier persona pueda entender las cuestiones técnicas acá tratadas y cómo éstas operan sobre nuestra cotidianidad.

A modo de esquema, esta publicación estará protagonizada por dos grandes momentos: primero, la descripción crítica de las redes sociales centralizadas (las redes que habita la mayoría de internautas); segundo, la presentación de las redes sociales libres (un modelo de comunicación distinto al que la mayoría conoce). Cerrando estos dos momentos habrá una ampliación del panorama planteado, presentando otras dificultades de la Internet del presente y nuevos horizontes para pensar la comunicación. Por último, se brindará tanto la bibliografía consultada y utilizada para escribir este artículo1 como una lista de material recomendado para seguir profundizando en esta temática y acercarse a otros debates que complementan el enfoque acá abordado.

Para este texto, tanto por su longitud como por su complejidad, utilizaré dos recursos que permiten ampliar o aclarar información y remitir a fuentes bibliográficas al momento de lectura. Así, las notas al final (que aparecen dentro de un pequeño círculo de color rosa) pueden clickearse para acceder a alguna aclaración que no amerite interrumpir el texto (allí, donde se encuentra el contenido de cada notas, es posible clickear sobre el número de nota para volver al texto y continuar con la lectura desde donde se estaba). También, los enlaces externos aparecerán destacados en color celeste y subrayados con rosa: son clickeables y llevan a otros sitios web donde se puede ampliar información o encontrar alguna referencia simpática o irónica.

B. Redes sociales centralizadas

En la actualidad las redes sociales se han vuelto cosa seria. En ellas podemos encontrar desde cuentas y publicaciones de nuestros amigos y familiares, de los pequeños comercios locales o de las instituciones educativas a las que asistimos, hasta la publicidad de grandes marcas transnacionales, avisos oficiales de los organismos gubernamentales o escenas de la “vida personal” de artistas y celebridades de todo tipo. También, estas plataformas se han convertido en una fuente de entretenimiento producido colectivamente, invitándonos a pasar horas y horas de nuestros días prestando atención a lo que ellas ofrecen. Así mismo, son espacios de exposición social, donde nos hacemos ver frente a otros e interactuamos expresando nuestros intereses, opiniones e intenciones.

La inmensa mayoría de redes sociales más utilizadas pertenecen a empresas privadas, tienen fin de lucro y muestran publicidades. Entre ellas —al menos en Argentina— destacan Facebook, Instagram, Youtube, Twitter y TikTok, aunque la lista sigue2. Jay Graber, en su blog, explica que estas plataformas —por su estructura— son llamadas «centralizadas». En ellas, cada usuario que se conecta al servicio lo hace a una red de servidores única, administrada por la empresa dueña de dicha red (por ejemplo, Facebook) y, en última instancia, perteneciente al dueño de la plataforma (siguiendo el ejemplo, Mark Zuckerberg). Estas características (ser redes privadas, con fines de lucro, con publicidades y de estructura centralizada) responden a un modelo de negocio al que referiré en este artículo cuando utilice los términos redes sociales centralizadas, redes comerciales y —en menor medida— redes tradicionales. A continuación, haré una descripción crítica de distintas implicaciones que conlleva este modelo de negocio.

1. Redes vigilantes

En este artículo de su blog personal, Per Axbom cuenta por qué abandonó las redes sociales basadas en algoritmo. Para ello, ironizando un poco, introduce dos elementos presentes en todas las redes sociales comerciales: The Profiler y The Algorithm.

El primero de estos elementos —que serán presentados por el autor como personajes de una ficción— debería ser llamado en castellano algo así como El Perfilador, es decir, alguien encargado de crear perfiles de comportamiento en base a la recolección de información. Aunque vaya a sonar como una especie de bibliotecario, a mí me parece que sería mejor llamar a este personaje El Archivista, pero imaginándolo como el detective privado de una película noir: encargado de recopilar información y descubrir patrones de comportamiento, espiando a una persona a pedido de un cliente para conocer sus gustos, actividades, rutinas, poder adquisitivo, inseguridades y secretos. Por supuesto, en el caso de las redes sociales comerciales, el cliente es el dueño de la plataforma (por ejemplo, para Instagram, Mark Zuckerberg) y el detective —El Archivista— es un programa de computadora encargado de registrar y cuantificar cada una de las acciones que hacemos consciente o inconscientemente en la plataforma: desde nuestros Me gusta, pasando por la cantidad de segundos que nos quedamos mirando una publicación (y qué tipo de contenido se muestra en ella), hasta aquello que escribimos y borramos en el cuadro de texto antes de hacer una publicación (incluso si nunca publicamos)3.

El Archivista es el agente por el cual podemos decir que las redes sociales comerciales son redes de vigilancia: estamos constantemente siendo observados y medidos, convertidos en estadísticas, acumulados en servidores y vendidos a nadie sabe quién. El Archivista convierte nuestra persona que no es cuerpo en un producto acabado, listo para ser vendido en el mercado de la publicidad.

2. Redes publicitarias

El segundo personaje presentado por Axbom no tiene dificultad para su traducción, El Algoritmo trabaja para el dueño de la plataforma y sus clientes: los anunciantes. Este programa de computadora que funciona en los servidores de las redes sociales comerciales centralizadas y determina qué contenido y qué publicidad es recomendada a cada usuario. Este vendedor habilidoso juega codo a codo con El Archivista: mientras mayor información acumule este último, y mientras más inteligentemente relacione dicha información para crear un perfil bien preciso de cada usuario de la red, mejores (en términos de rentabilidad) podrán ser las recomendaciones de publicidades y contenido que hará El Algoritmo a cada usuario. A partir de acá comienza a difuminarse la línea que nos posibilita distinguir publicidad y contenido.

La dificultad para diferenciar publicidad y contenido en las redes sociales más utilizadas tiene origen en el fin de lucro que las caracteriza. Estas plataformas se ofrecen a las marcas locales, nacionales e internacionales como el lugar óptimo para la difusión de sus productos, proporcionando a cada persona el contenido que más tiempo la retenga frente a la pantalla y, durante ese período, la publicidad del producto que más pueda interesarle y sea susceptible a comprar.

En este proceso, podemos nombrar tres tipos de publicaciones presentes en la red: el contenido orgánico, el contenido recomendado y las publicidades. El primero es aquel publicado por las personas a las que seguimos, es el contenido por el cual decimos habernos unido a la red: queremos mantener contacto con las personas a las que seguimos y conocer gente nueva. El contenido recomendado es identificado por las plataformas bajo los rótulos “Recomendado”, “Para ti” o “Sugerido”. Éste tiene como fin mantenernos frente a la pantalla la mayor cantidad de tiempo posible. Por último, las publicidades son identificadas como tales mediante términos como “Publicidad”, “Promocionado” o, incluso, “Publicidad pagada por…”.

Pudiendo diferenciar (en teoría) estos tres tipos de contenido, advertimos que tanto el contenido recomendado como el orgánico son administrados por la red con criterios similares a los utilizados para mostrar publicidad. Así, el contenido recomendado no se muestra solamente por “enganchar” al usuario, sino también por estar asociado a los productos y marcas que aparecen en la publicidad. A su vez, el contenido orgánico también es administrado de manera tendenciosa. Bien podemos seguir a nuestro mejor amigo en redes sociales y que nunca se nos muestre qué publica. Esto se debe a que, si sucede frecuentemente (un par de veces, al menos) que el contenido de un usuario no llama nuestra atención, la plataforma deja de mostrarnos sus publicaciones (sin importar qué tan importante sea para nosotros esa persona o qué tan importante sea lo que publica). En suma, la única preocupación de El Algoritmo es que pasemos el mayor tiempo posible dentro de la plataforma para ofrecernos publicidades acordes a nuestro perfil de consumo y ocultando el contenido que no se ajusta a estos criterios, convirtiendo la supuesta “red social” en una verdadera red publicitaria4.

3. Redes de hegemonía

Las redes centralizadas interpelan constantemente el sentido común de la población que a ellas accede. La capacidad de El Algoritmo para administrar el contenido a cada usuario de manera personalizada nos impide pensar en la neutralidad de las redes sociales: si cada publicación que aparece frente a mí es elegida para hacer visible un producto, para reforzar un hábito de consumo o para mantenerme conectado en la red, no puedo sino cuestionar todo aquello que se me presenta en ellas.

La dimensión política de la influencia de las redes sociales comerciales resulta preocupante. En primer lugar, porque nos “engancha” lo que nos indigna. En consecuencia, las redes promueven un ambiente de desinformación y violencia que inhabilita cualquier comunicación entre personas que disientan en cualquier tema. Lo que nos mantiene enganchados son el morbo de que el otro diga una barbaridad y el placer de insultarlo sin consecuencias. A su vez, los medios “tradicionales” hacen girar la rueda, siendo premiados con más visibilidad cuando recaen en artículos con títulos tendenciosos o ambiguos para que sus publicaciones tengan más interacciones5. En segundo lugar, la situación es preocupante porque, en el ámbito político, toda publicación que las redes hacen aparecer frente a nuestros ojos tienen como objetivo reforzar nuestros prejuicios, opiniones o ideologías; impulsarnos a interactuar y mantenernos dentro de la red; hacer visibles ciertas ideologías sobre otras; instaurar un tema de debate o forma de discusión; u ocultar un tema.

El ocultamiento de ciertas ideologías, formatos de publicación, temas o personas nos habilita a decir que las “redes sociales” son verdaderas redes de hegemonía. Las herramientas que éstas tienen a su disposición para la instauración de una agenda política y el ocultamiento de una realidad determinada supera, incluso, a las condiciones que pueden encontrarse en las novelas de ciencia ficción distópicas del siglo pasado. En estas ficciones, contra toda dominación surgía una resistencia y, con ellas, la necesidad de los totalitarismos de reprimir violentamente. En nuestra realidad no hace falta dicha represión. Primero, porque las redes sociales no son explícitas en sus intenciones. Segundo, porque éstas no anuncian cuándo se ha reducido la visibilidad de una publicación6. Así, si, por ejemplo, una publicación posee enlaces externos (por ejemplo, hacia eliastello.ar), tiene palabras determinadas como “sexo” o “política”, o en ella se prueba el actuar corrupto de un funcionario, El Algoritmo podría encargarse de disminuir la visibilidad de la misma. Lo más curioso de todo esto es que no se advierte a los usuarios cuáles son los temas y formatos que la plataforma no prefiere y, por lo tanto, no es posible formar una resistencia clara contra estos criterios.

4. La democracia imposible

Dos viñetas caricaturizadas. En la primera, un perro sentado a la mesa de su casa. Hay una taza con café sobre la mesa. Su casa se está incendiando. En la segunda, el mismo perro, sonriendo, afirma 'this is fine', traducido como 'esto está bien'.

Meme muy utilizado en redes sociales que expresa negación ante un problema evidente. Su autor original es K. C. Green.

Desde hace varios años que escucho, entre militantes, acerca de la necesidad de dar la batalla cultural también en el ámbito de las redes sociales. Cuando participo de esa conversación insisto en la falta de neutralidad de las redes, diciendo que no se trata solamente de que ciertos discursos se adaptan mejor que otros a las plataformas comerciales sino que, además, las redes invisibilizan a los demás. Por supuesto, de este lado tenemos los discursos que las redes persiguen y ocultan, pues son los que van en contra de ellas.

Al querer instaurar un debate en redes suele subestimarse la cantidad de tiempo que requiere producir contenido para ellas y se cree posible hacer publicaciones que rompan con las burbujas sociales en las cuales nos encierra El Algortimo. Cayendo en estos errores, se invierten cientos de horas al año en artículos, imágenes y videos pensados para las redes sociales que terminan siendo ignorados hasta por la propia militancia. A su vez, quienes comparten dicho contenido frecuentemente comienzan a ser ignorados por los usuarios que no tienen interés en la política y terminan auto-excluyéndose de las prioridades de El Algoritmo. De igual forma, en el proceso de idear contenidos inteligentes, creativos e interesantes, hay quienes creen poder sortear las condiciones que impone El Algortimo, intentando aplicar algún tipo de ingeniería inversa que les permita encontrar la piedra filosofal que les haga triunfar en la web 2.0. Lamentablemente, éstas son más horas invertidas en un fin inútil, que ya debería encontrar su decepción.

Por otra parte, en el ámbito académico, me he encontrando con un optimismo que festeja encontrarnos en una época de democratización de la palabra. Teniendo en cuenta lo hasta acá dicho, podemos sostener que las redes sociales comerciales no habilitan ninguna democracia. En su lugar, parecen funcionar como funcionan los periódicos: se publica allí lo que gusta al dueño y en favor de los anunciantes. Pero, ampliando lo ya dicho, también podemos cuestionar la propia idea de “democratización”. ¿Acaso un amontonamiento de personas que no se escuchan entre sí es lo que esperamos de una democracia?¿Es democrático usar el anonimato del soporte digital para agredir al resto?¿Puede existir un foro público en el cual los participantes no se hagan responsables de lo que dicen? Probablemente respondamos negativamente a estas preguntas. Para completar lo dicho (y, de paso, para recomendar la charla), traigo acá las palabras de Ingrid Beck durante la mesa-debate que propuso Proyecto Ballena sobre la democracia y la libertad de expresión:

«A la pregunta sobre la libertad de expresión —que, claramente, la libertad de expresión hace a la calidad de la democracia—, si la pregunta es ¿Hoy existe libertad de expresión, por ejemplo, en las redes sociales?. Yo te diría: no. La libertad de expresión está herida, porque hay muchas voces que se retiraron: disciplinadas, aleccionadas, víctimas de distintos ataques, que no participan más de la discusión pública.»

Por último, sería importante destacar que las virtudes que encontramos en las redes sociales (por ejemplo: solidaridad, compañerismo, comunidad, intercambio, amistad y cercanía) no compensan ni justifican la utilización de las redes sociales comerciales a las que hoy accedemos. Las cosas buenas e interesantes que pasan en las redes no tienen que ver con la estructura centralizada que estas poseen, ni siquiera son acciones que estas plataformas promuevan sino que pertenecen a la calidad humana que compone esas comunidades. Más adelante veremos que la propuesta de este artículo no es abandonar las redes sociales sino mudarse a opciones superadoras, donde todo lo bueno que sucede actualmente en las redes de publicidad podrá seguir existiendo, mejorando y ahorrándonos muchos de los costos (sociales, políticos y culturales) que significa el uso redes basadas en algoritmo.

5. Hablemos de Twitter

Una viñeta caricaturizada. En ella se muestra un ave celeste (que refiere al logo de Twitter), sentada a la mesa de su casa. Hay una taza con café sobre la mesa. Su casa se está incendiando. Afirma 'this is fine'.

Parodia de la viñeta de K. C. Green realizada por el usuario de Twitter @Dreamjar.

El 6 de enero de 2021, durante la asunción de Joe Biden, militantes republicanos tomaron el Capitolio de los Estados Unidos. El atentado fue alentado por el presidente saliente, Donald Trump, al finalizar un acto a la misma hora que comenzaba la investidura de Biden. Durante el intento de golpe de Estado (que tuvo un saldo de cinco personas muertas), Trump utilizó las redes sociales para comunicarse con sus seguidores. Este uso de las redes —no contemplado en las normas de las mismas— llevó a las mismas a bloquear la cuenta del todavía presidente de los Estados Unidos. Como era esperable, el accionar de estas empresas fue cuestionado por los seguidores de Trump, pero también por quienes cuestionan la hegemonía de estas empresas y su potestad para censurar al principal referente del Partido Republicano. A partir de dicho momento, la discusión sobre la verticalidad, centralización y arbitrariedad de la administración de las redes sociales comenzó a acercarse a la agenda mediática.

El 11 de abril de 2021, Elon Musk, dueño de Tesla, se refirió a lo sucedido, afirmando que «mucha gente va a estar muy descontenta con la alta tecnología de la Costa Oeste como árbitro de facto de la libertad de expresión». A partir de esta publicación Musk ha enfatizado sobre la importancia de la libertad de expresión, de una plaza común digital y se ha mostrado, en general, como una persona que quiere ayudar a la humanidad. Una vez asentada esta fama, el 14 de abril de 2022, Musk hizo una propuesta multimillonaria para comprar Twitter. La negociación se concretó seis meses después, el 27 de octubre del mismo año.

El discurso sostenido por Elon Musk sobre la libertad de expresión durante el año y medio anterior a haber adquirido Twitter no se mantuvo en pie ni siquiera durante las primeras veinticuatro horas de su administración. El mismo 27 de octubre, dirigiéndose a los anunciantes de la red social que acababa de adquirir, sostuvo que «Twitter aspira a ser la plataforma de publicidad más respetada del mundo», teniendo en cuenta que «la publicidad, cuando se hace bien, puede deleitar, entretener e informar» y, para ello, «es esencial mostrar a los usuarios de Twitter publicidades que sean lo más relevantes posibles a sus necesidades». En resumen, este anuncio tiene un mensaje contundente: habrá cambios notables, quejas y revuelo, pero el status quo de la plataforma seguirá teniendo a las grandes marcas como principales clientes y máxima prioridad.

Las semanas siguientes pudo verse implementado en el accionar de la nueva gestión de Twitter lo que podríamos llamar “El manual del neoliberalismo”: desde despidos masivos en las oficinas de la empresa, pasando por la implementación de un cobro de ocho dólares a quienes quieran tener su “cuenta verificada” por la plataforma7, tocando de oído la propuesta de insertar a Twitter en un entorno más grande que combine a la red social con un servicio de billetera virtual (como es WeChat, en China) y hasta el constante coqueteo con la implementación o impulso del uso de criptomonedas desde la propia red social. Todas estas acciones e iniciativas tienen algo en común: ninguna está pensada para la libertad de expresión, para un entorno de comunicación más democrático o para mejorar la experiencia de las personas que acceden a la plataforma. Definitivamente, la agenda del multimillonario no está relacionada con la ayuda humanitaria.

Todos los movimientos de Elon Musk sobre Twitter han sido cubiertos por la prensa internacional, y los usuarios de la red social no se han mostrado indiferentes a estos. Muchas personas, al encontrarse disconformes con la privatización de Twitter (es decir, no cotiza en bolsa), ya sea por la facilidad que esto significa para la implementación arbitraria y unilateral de decisiones que afectan a los usuarios, o por que les cae mal el señor Musk —quien, entre otras cosas, ha declarado estar a favor de imponer dictaduras en aquellos países que poseen materias primas que sus empresas necesitan—, han decidido dejar Twitter y migrar a otras redes sociales. De hecho, esto es lo que hizo el propio Trump al ser censurado por la gestión de Jack Dorsey (salvando las distancias de que el expresidente de los Estados Unidos fundó su propia red social centralizada: Truth Social). Sin embargo, dicha migración ha encontrado sus límites, dado que ninguna plataforma que posea una estructura centralizada será una opción superior a la anterior. No podemos ir de red en red buscando al dueño “menos malo”, que no invada nuestra privacidad, venda nuestros datos, manipule el contenido ni nos censure implícita o explícitamente.

En un intento por romper con el círculo vicioso que significa la imposible búsqueda de una red social administrada por un dictador benevolente que cumpla con nuestras expectativas, distintas comunidades de Internet han desarrollado un nuevo tipo de redes sociales que escapa de las estructuras centralizadas, la publicidad, la vigilancia y la manipulación del contenido. A estas redes se las conoce como redes sociales libres, y a ellas dedicaremos —a continuación— el segundo gran momento de este artículo.

C. Redes sociales libres

Según contó en una entrevista que le hizo la revista Time, Eugen “@Gargron” Rochko, en el año 2016 comenzó a observar que Twitter se estaba volviendo muy importante para el discurso público, y que dicha importancia estaba acompañada por una estructura centralizada que él no veía con buenos ojos. Ante su preocupación, este informático alemán decidió crear Mastodon: una plataforma gratuita, sin dueño ni publicidad, pensada para personas y no para negocios; libre para usar y modificar a gusto.

Como ya anticipé, en esta publicación veremos el caso de Mastodon como ejemplo para explicar al conjunto de las redes sociales libres, entendiendo que los rasgos que ella posee —aquellos que estructuran la forma en que se utiliza la red— son compartidos por todas las redes sociales federadas que utilizan la tecnología ActivityPub para funcionar. Por lo general, estas redes nacen como alternativas libres a los servicios centralizados que todos conocemos. De esta manera, por ejemplo, Pixelfed parece una copia de Instagram; PeerTube funcionaría igual que Youtube; o Lemmy sería una mera copia de Reddit. Sin embargo, las redes sociales libres no conforman una mera “alternativa” a las redes comerciales, pueden brindar una experiencia de usuario completamente distinta a la que ofrecen las redes centralizadas. Por ejemplo, parece haber consenso de que las redes sociales libres traen cierto sosiego, siendo lugares donde no se disputa la economía de la atención. En este sentido, John Naughton, en The Guardian, afirma que Mastodon «parece ser más para tener una conversación que para gritar»8.

Ahora, en el segundo momento de este artículo, veremos cómo están estructuradas las redes sociales libres, qué virtudes logra su estructura, de qué manera podemos utilizarlas para lograr relaciones virtuales más interesantes, flexibles y sanas, qué obstáculos se presentan para su uso masivo y cómo podemos sortearlos.

1. ¿Qué es Mastodon?

Al hablar de redes sociales libres debemos desgajar las múltiples acepciones que se esconden detrás de ciertos nombres. Para responder la pregunta ¿Qué es Mastodon? debemos admitir, en primer lugar, que Mastodon, como una moneda, se conforma de dos caras.

Por la primera cara, veremos a Mastodon como un programa de computadora desarrollado por Eugen “Gargron” Rochko. Se trata del software invisible para el usuario común, que se instala en servidores y permite a usuarios de todo el mundo conectarse a la red. De esta manera, si hubiera un solo servidor de Mastodon al que todos nos conectáramos, tendríamos una red bastante parecida a Twitter, donde toda nuestra información es administrada por una sola computadora perteneciente a un solo dueño (dueño que podría no ser Eugen Rochko, sino cualquier otra persona).

Por la segunda cara, veremos Mastodon desde el punto de vista del usuario común, es decir, como red social en la cual crearnos un usuario y comenzar a interactuar con otras personas haciendo publicaciones cortas, que soportan texto, imagen, video y audio. Esta plataforma está conformada por la interconexión de servidores en los que se encuentra instalado Mastodon-como-programa y a los cuales nos conectamos desde la web o desde las aplicaciones disponibles para distintos dispositivos.

Si quisiéramos sumar una tercera cara (algo extraño, pues ya la metáfora empieza a quedarse sin asidero) podríamos deshacernos de un equívoco bastante común al que nos acostumbraron las redes sociales centralizadas. Sucede que cuando hablamos de, por ejemplo, Instagram, nos referimos indistintamente a una red social y a una aplicación (app). Sin embargo, debemos tener en cuenta que no es lo mismo la red social Instagram instalada en un servidor perteneciente a Mark Zuckerberg (primera y segunda cara al mismo tiempo) que la aplicación Instagram instalada en nuestros celulares (tercera cara). De hecho, un buen contraejemplo de este equívoco es la existencia de Instagram Lite, una versión de la aplicación Instagram para personas que no tienen suficiente espacio en su dispositivo móvil. Mediante ambas aplicaciones puede accederse a la red social Instagram, pues no existe una red social distinta para cada una de estas aplicaciones.

De la misma forma que sucede con las múltiples aplicaciones de Instagram, existen varias aplicaciones para acceder a Mastodon. Ésta podría ser la tercera cara de nuestra moneda conjetural, dado que una de estas aplicaciones se llama Mastodon y es desarrollada también por Eugen Rochko. Hasta donde pude observar, esta aplicación no es la preferida por los usuarios que más tiempo llevan en la plataforma. En su lugar, muchas personas prefieren Tusky, van probando aplicaciones distintas según éstas vayan obteniendo actualizaciones, o simplemente entran desde el navegador de su computadora.

2. ¡Viva la Santa Federación!

En el mismo artículo que mencionamos al comienzo de este texto, Jay Graber diferencia redes centralizadas y descentralizadas, pero no sin hacer notar que «llamar “descentralizada” a una red solo la define por lo que no es —no es dependiente de un solo conjunto de servidores administrados por una empresa—». Para evitar esto, dentro de las redes descentralizadas podemos diferenciar las redes distribuidas de las redes federadas. En esta publicación nos centraremos en estas últimas.

Para entender qué es una red federada podemos volver al apartado anterior y comprender el vínculo entre la primera y la segunda cara de Mastodon. Allí, donde Mastodon-como-programa se instala en múltiples servidores interconectados e independientes entre sí, se conforma una federación. De esta manera, lo que define la federación es la interconexión entre servidores independientes, que establecen sus propias normas de convivencia, deciden con qué servidores conectarse y con cuáles no, y resuelven por sí mismos su financiamiento y mantenimiento.

Uno de los ejemplos más difundidos para entender cómo funcionan las redes federadas es comparar su funcionamiento con el del correo electrónico. Hoy en día, la mayoría de personas tienen una cuenta de mail en el servicio Gmail, de Google. Estas personas, para crearse esa cuenta, se registraron con su nombre y número de teléfono, con el objetivo de mandar y recibir mails de otras personas o servicios a los que le dieron su dirección de correo electrónico terminado en “@gmail.com”. Pero no todas las personas tienen una dirección de mail registrada en Gmail, algunas de las personas pioneras en el uso de correo mantienen su dirección de correo original, por ejemplo, otorgada por Outlook o Yahoo. Lo interesante es que, como no hay una sola empresa que posea el correo electrónico como tecnología, los usuarios registrados por distintas empresas pueden comunicarse entre sí de la misma forma y con la misma comodidad que lo hacen con quienes comparten el servicio9.

En el ámbito de las redes sociales libres, cada usuario se registra en un servidor de la misma forma en que se registra a un servicio de mail: accede a una web o a una aplicación, crea una cuenta y elige su nombre de usuario. De esta manera, por ejemplo, cuando yo quise comenzar a utilizar Mastodon, elegí un servidor argentino llamado rebel.ar. En este servidor, elegí el nombre de usuario @elias y, por lo tanto, cualquiera que quiera comunicarse conmigo por esa red social, puede hacerlo mencionándome como @elias@rebel.ar, sin importar el servidor en que la otra persona se encuentre.

Creo que todos estamos de acuerdo al afirmar que casi nadie elige conscientemente a qué servicio de correo electrónico se registra e, incluso, que nos vemos forzados para crearnos nuestra cuenta de mail bajo el servicio que ofrecen muy pocas empresas —por ejemplo, esto sucede constantemente con Google, que insiste en pedirnos que nos hagamos una cuenta de Gmail para utilizar nuestros teléfonos con Android—. Esta característica no es deseable en las redes federadas. De hecho, la decisión de qué servidor elegimos para registrarnos en una red como Mastodon debería ser consciente y entusiasta.

3. Una normativa federal

Una viñeta caricaturizada. En ella se muestra un mamut (que refiere al logo de Mastodon), sentado a la mesa de su casa. Tiene una maseta con una planta en sus manos. Su casa está llena de plantas, sugiriendo un ambiente sano, natural y tranquilo. El mamut, sonriente, afirma 'this is fine'.

Parodia de la viñeta de K. C. Green, realizada por @TheAtheistAlien@deadinsi.de.

Mientras cada persona que se une a Facebook acepta un conjunto de normas comunitarias que afectan a todos los usuarios de la red (ya sea este usuario una persona nacida en China, en Qatar, en Estados Unidos o en Argentina), en las redes sociales federadas cada servidor establece sus propias normas, sin estar condicionados por una normativa mayor y universal. De esta manera, puede haber servidores de Mastodon que hagan mucho énfasis y se presenten muy estrictos respecto a ciertas reglas, pero que dejen de lado otras. Por ejemplo, existen servidores de Mastodon exclusivamente para mujeres (sin importar el contenido que publiquen); otros para artistas (donde solo se puede publicar arte en cualquiera de sus formatos); hay servidores distintos para comunistas, anarquistas, liberales y conservadores; hay servidores donde solamente se habla catalán; otros en los que no está permitido hablar de política; existen aquellos que son “regionales”, recibiendo gente de Argentina, o de Chile, o de toda Sudamérica; existen servidores donde se puede publicar contenido pornográfico y otros en los que no; hasta hay servidores para gente que se dedica a la matemática.

En esta estructura federada, compuesta de una gran variedad de comunidades, donde cada una tiene sus reglas, cada servidor elige si desea o no federar (comunicarse) con otras instancias (servidores), según compartan o no ciertos criterios. Por ejemplo, puede darse el caso en que un servidor que no admite fotos de personas desnudas no quiera recibir contenido de una instancia en que sí aceptan desnudos. O, de igual manera, un servidor que se ofrezca inclusivo y preocupado por los derechos de las personas trans puede no querer convivir con un servidor que admita publicaciones violentas contra este colectivo (o al revés). Estos servidores, a partir de sus reglamentos internos —quizás acordados entre todas las personas de la comunidad—, pueden bloquear otras instancias y ahorrarle a las personas de su servidor los disgustos que muchas veces se viven en las redes sociales centralizadas, donde todo el mundo se encuentra en un solo espacio, bajo un solo conjunto de reglas y donde la moderación del contenido y del trato entre personas muestra serias deficiencias.

Esta característica de las redes federadas logra que las experiencias de usuario vividas en uno u otro servidor puedan ser realmente distintas y que el intercambio entre personas no se encuentre condicionado por normas que no hemos aceptado conscientemente, que no conocemos o que no estamos dispuestos a aceptar. Una forma de caricaturizar este problema común de las redes sociales centralizadas es el conflicto detrás del uso de la palabra “negro”. Facebook, en su pantomima de intento por tener una red no-racista, advierte del uso de esta palabra cuando se la utiliza en un comentario público. Así, no importa si yo estoy usando el término “negro” como insulto, de forma amigable (como hacemos en Argentina para referirnos, por ejemplo, al Negro Dolina, el Negro Fontanarrosa o a la Negra Sosa) o en un contexto diferente, por ejemplo, hablando sobre impresoras y su tóner “de color”10.

De esta forma, las redes sociales federadas federalizan, también, las reglas a las cuales deben adecuarse los usuarios de los distintos servidores, permitiendo a cada persona expresarse según halle una instancia que satisfaga sus requisitos, evitando caer en incoherencias propias de las normas universales, de las imposiciones culturales que estas conllevan y haciendo un llamado al respeto entusiasta por las normas que gobiernan el comportamiento colectivo.

4. Redes del cuidado

Las redes sociales federadas tienen un virtud considerable: en ellas no es posible ejercer una censura unilateral y definitiva. Es decir, siempre que un usuario encuentre un espacio que acepte el tipo de expresión que desea ejercer —o, también, siempre que un usuario tenga la posibilidad de fundar su propia instancia con sus propias reglas—, este usuario podrá expresarse como desee. Esto tiene un fundamento simple: las redes sociales libres son apenas una de las formas que puede tomar la infinita libertad de Internet y, por ello, siempre que cumplamos con las leyes, el límite para crear nuevos sitios donde escribir lo que queramos no está puesto por la propia tecnología.

Ahora bien, mientras yo anuncio con tanta alegría que en las redes sociales libres no hay censura, a muchas personas que leen esto podría preocuparles esta característica. Para profundizar esta idea y traer tranquilidad trataremos distintos niveles análisis sobre esto.

En primer lugar, pensemos en el nivel del servidor local. Una persona que llega a Mastodon se encuentra con que existen cientos de servidores, cientos de posibilidades y de normativas diferentes. Al elegir un servidor y aceptar sus normas, este usuario deberá cumplir con la normativa “local” (dentro de la instancia, afectando al tipo de publicaciones que puede realizar y a su trato con otras personas dentro del mismo servidor) y, en caso de incumplir con estas, las personas a cargo del servidor pueden eliminar alguna de sus publicaciones o echarlo. En este nivel sí existe censura, pero con tres virtudes sustanciales: 1) en servidores pequeños es más fácil que el moderador del servidor pueda prestar atención a cada caso específico y determinar (por su cuenta o en comunidad) si debe advertir o sancionar al usuario por su comportamiento; 2) no habrá censura automática ni bajo parámetros universales; 3) casi siempre será posible encontrar una instancia, por más chica que sea, que admita el tipo de contenido que queremos publicar.

En segundo lugar, tenemos el nivel de la comunicación entre un usuario de un servidor con personas de otro servidor que se rija por normas distintas al propio. En este caso, podría suceder que el usuario en cuestión cumpla con las normas locales (las de su propia instancia), pero que lo publicado sea visto por alguien en un servidor distinto al suyo. Si esta persona, que ha adoptado un normativa distinta a la del primer usuario, considera inadecuado el tipo de contenido en cuestión, puede hacer tres cosas: 1) bloquear o silenciar al primer usuario para no poder ver el contenido que éste publica; 2) reportar el mensaje a las personas que administran el propio servidor, donde este contenido es inadecuado, para que tomen alguna acción; 3) bloquear todo el contenido proveniente del servidor al que pertenece el primer usuario y así dejar de verlo.

En tercer lugar, tenemos el nivel de comunicación entre servidores, esto es, entre las personas que administran el servidor y brindan la posibilidad a los usuarios de ambos servidores de comunicarse entre sí. Existen casos muy claros donde un servidor puede preferir no comunicarse con otro, por ejemplo, un servidor feminista puede no querer comunicarse con un servidor neonazi y, por lo tanto, quienes administran el servidor feminista pueden decidir bloquear toda comunicación con el otro. Sin embargo, existen situaciones controversiales, donde muchos usuarios preferirían que el grupo administrador no bloquee completamente a otro servidor. En estos casos, es posible crear un debate, cambiar las reglas del servidor, elegir una de las posibles formas de interpretación de la norma más cuestionada o actuar unilateralmente.

Como podemos ver, las opciones del segundo y del tercer nivel no afectan a la publicación del contenido original, sino que solamente limitan su recepción. De esta manera, las personas son libres de publicar cualquier cosa que cumpla las normas internas de su servidor, pero también se respeta la libertad del resto de personas de no ver ni interactuar con ellos. Dicho así, no parecería ser muy distinto a lo que sucede en las redes centralizadas, pero es fundamental entender que en las redes sociales federadas las personas se agrupan en servidores según criterios de comportamiento. De esta manera, es improbable que encontremos liberales en un servidor comunista, hombres en una instancia de mujeres, terraplanistas en un servidor de ciencia, etc. Esto permite identificar qué servidores pueden resultar más inadecuados para el tipo de trato y de contenido que deseamos conseguir en la red. Así, quien no quiera comunicarse con nazis, al encontrarse en la red con alguno de ellos, puede asumir que tampoco quiere comunicarse con personas que comparten servidor con él. En este caso, mediante la aplicación de censura del segundo nivel, donde un usuario particular bloquea una instancia entera, esta persona puede librarse de un trato que no está dispuesta a recibir.

Sería entendible recibir comentarios respecto a esto, dado que está difundida en el sentido común la idea de que las redes sociales generan burbujas sociales en las cuales nos encerramos, produciendo cámaras de eco que nos hacen reafirmar lo que pensamos y desarrollar pensamientos extremistas e intolerables con quienes piensan diferente —de hecho, es una de las criticas que hicimos en el apartado anterior a las redes centralizadas—. Previendo esto, adelanto tres cuestiones:

  1. Esto no solamente ya sucede en las redes sociales centralizadas —por lo tanto, no es una característica exclusiva de las redes federadas— sino que allí se hace sin nuestro consentimiento mediante la recomendación de contenido y de usuarios. Aquí se destaca la posibilidad que otorgan las redes sociales federadas: ellas serán lo que nosotros hagamos de ella, esto depende de nuestra responsabilidad y reflexividad sobre nuestras acciones.

  2. Esta característica fue desarrollada, como todo el protocolo ActivityPub (la base tecnológica sobre la cual funciona Mastodon), por un grupo de programadorxs que tenían (y tienen) como objetivo lograr redes sociales menos hostiles. De hecho cuatro de las cinco personas que desarrollaron esta tecnología se consideran personas queer, y este rasgo —que a veces es menospreciado en su importancia— acá es núcleo del propio desarrollo, pues esa identificación permitió pensar y lograr formas de comunicación que rechazan la propagación de discursos de odio.

  3. Internet no tiene por qué ser igual que “el mundo real”. Muchas comunidades virtuales funcionan uniendo personas con intereses similares. De hecho, hasta que comenzaron las redes sociales masivas —etapa cerrada definitivamente con Facebook—, internet consistía en personas desconocidas que compartían intereses entre sí. Podríamos decir que para encontrarnos con personas que piensan distinto ya está “el mundo real”, y es nuestra tarea intentar que esas relaciones personales, cara a cara, no repitan las prácticas que hoy se viven en las redes.

5. Redes orgánicas

Habiendo considerado las formas de censura, es interesante analizar otra de las características de Mastodon relacionadas al control del contenido: en Mastodon todo el contenido es orgánico y sólo podemos llegar a él de forma orgánica.

Una práctica común en las redes sociales centralizadas es la de buscar a alguien que conocemos. De esta manera, si alguien quiere buscarme en Instagram o en Facebook, se dirige hacia el buscador de la plataforma y pone mi nombre. Aún cuando no tengamos ningún contacto en común, puede ser que esta persona me encuentre y, lo que es peor, esto puede hacerlo aún cuando yo no le haya dado mi usuario.

Pensemos un segundo en la dirección de mail: es prácticamente imposible que alguien adivine mi dirección de correo electrónico sin que yo se la comparta. De esta manera, sería raro que alguien que apenas me conoce me empiece a mandar mails sin que hayamos charlado anteriormente. Ésta es una barrera de seguridad deseable. Lo mismo podría suceder con nuestras cuentas en redes sociales.

Las redes sociales centralizadas hacen exactamente lo contrario a cuidarnos. Mediante la opción “Personas que quizás conozcas” nos recomiendan forzadamente cuentas personales a las cuales quizás no hubiésemos llegado nunca de manera orgánica.

En este sentido, Mastodon se vuelve particularmente interesante. La organicidad de la plataforma permite la comunicación de dos formas: o bien la personas con las cuales podemos comunicarnos se encuentran dentro de nuestro círculo de usuarios, o bien ampliamos nuestro círculo añadiendo personas que se hayan por fuera de él, por ejemplo, siguiendo a alguien que conocemos personalmente pero con la cual no compartimos ningún usuario en red. De esta forma, nos ahorramos encontrarnos con un universo enteramente desconocido, sino que nuestro alcance crece en la medida en que nos lo propongamos, comenzando a seguir personas distintas, buscando por fuera de nuestro servidor y de la plataforma en general. Para entender esto es legítimo pensar de qué manera crecen nuestros círculos sociales en el correo electrónico, o bien, en el cara a cara.

6. Cómo financiar la libertad

Al analizar las redes sociales centralizadas hemos llegado a la conclusión de que éstas son, principalmente, redes de publicidad. Es decir que, por su fin de lucro, las redes comerciales se estructuran siguiendo la rentabilidad como principio fundamental. De esta manera, son plataformas digitales que vigilan el comportamiento de sus usuarios y utilizan esa información tanto para retener a las personas el mayor tiempo posible dentro de la red como para ofrecer publicidades personalizadas. En este proceso, las relaciones entre personas pasan a ser una mera excusa para mantenernos dentro de la red.

En contraste con este modelo comercial, las redes sociales libres nacen con la convicción de estar diseñadas para las personas y no para los negocios. Éste es su principio ético fundacional y el motivo por el cual en ellas no hay publicidad, vigilancia al usuario ni venta de su información. En cambio, encontramos acá formas de financiamiento que invocan, junto a un sentido de comunidad, la importancia de realizar aportes voluntarios conscientes para el sostenimiento de la red.

Hace unos meses, se hablaba de la delicada situación financiera de Twitter. Como tal, el malestar de la empresa lleva varios años, y el cambio de administración no ha hecho más que agravar la crisis. El principal síntoma de esto es la masiva pérdida de clientes (los anunciantes) luego de la asunción de Musk, que ha provocado una caída en los ingresos de Twitter del 35%. Esto, junto al despido masivo de trabajadores, ha hecho que la plataforma sea un caos estos últimos meses. De hecho, la falta de moderadores en esta red ha provocado escenarios graciosos, por ejemplo, la gente estuvo subiendo películas completas a Twitter (infringiendo los derechos de distribución) sin que haya nadie ahí para evitarlo. En caso de que esta situación no mejore, empezaremos a ver problemas en la plataforma y, en el peor de los casos, presenciaríamos el fin de una era que se llevaría consigo comunidades enteras.

Cruzando la calle —probablemente alegres por la posibilidad de que se vaya del barrio el vecino ricachón, ruiodoso y amargado— se encuentran las redes sociales libres, que jamás se verán bajo estas dificultades. Su modelo de financiamiento, que consta de dos partes, logra que las crisis nunca se lleven puesta toda la plataforma.

Para entender por qué hay cierta eternidad garantizada para las redes sociales libres, en primer lugar debemos tomar Mastodon-como-programa, como software desarrollado, actualizado periódicamente y publicado por Eugen Rochko para poder ser utilizado en cualquier servidor donde ser quiera fundar una instancia. Este programa, registrado bajo una licencia de dominio público, puede ser utilizado bajo cualquier propósito, pone a disposición su código fuente para que cualquiera pueda fiscalizar cómo funciona, da la libertad al usuario de realizar copias para distribuir y, también, la de modificar cualquiera de sus partes y publicar una versión alternativa de él11. Esta normativa implica que el desarrollo de Mastodon no termina en su fundador, sino que puede seguir independientemente de él —e incluso contra él—, siendo modificado, mantenido y publicadas nuevas versiones por cualquier desarrollador que se atenga dentro a las condiciones indicadas por la licencia de dominio público. De esta manera, Mastodon (o cualquiera de sus modificaciones, compatibles o incompatibles con la obra de Rochko) existirá mientras haya personas dispuestas a financiar y trabajar en lo necesario para que ésta siga siendo desarrollada12.

En segundo lugar, tomando a Mastodon como red federada conformada por miles de servidores, independientes entre sí y ubicados en todo el mundo, debemos tener en cuenta que cada servidor se mantiene a sí mismo. Por lo general, quienes fundan el servidor tienen presupuesto suficiente para mantenerlo un tiempo. Luego, si la cantidad de gente que se suma a dicha instancia es mucha, pueden pedirse aportes voluntarios que ayuden a mejorar la infraestructura o a mantener la actual. Así mismo, algunas instancias surgen en comunidades donde todas las personas están dispuestas a aportar mensualmente a su mantenimiento, por lo tanto, mantienen dicha regla para cualquier persona que desee sumarse posteriormente a su comunidad.

Como vemos, las redes sociales sin publicidad deben acudir a otros modelos de financiamiento para poder funcionar. Este es el costo a pagar por no haber en ellas publicidad ni recopilación o venta de los datos o metadatos de los usuarios. En suma, nos encontramos con un entorno que se encuentra apto para ser habitado por personas y preparado para que estas se comuniquen entre sí.

En este panorama, y optando por redes sociales más democráticas, libres y a las cuales cualquiera pueda acceder, sostengo que es importante que las instituciones públicas y el Estado en general fomente el financiamiento, formación y administración de instancias nacionales y provinciales o en manos de organizaciones sociales, partidos políticos, municipios, sindicatos, organizaciones barriales y organizaciones no gubernamentales para que el financiamiento y la capacitación necesarios para mantener y llevar adelante una instancia de cualquier red social libre no signifiquen barreras que conviertan estas tipo de comunicación en un privilegio de las clases medias y altas. Evidentemente, en Argentina estamos lejos de que esto suceda. Este cambio, bien realizado, significaría —nuevamente—conformar una ley que regule al ámbito comunicacional, como sucedió en el 2009 con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (que, aún insuficiente ya en su época, fue borrada por un decreto y todavía sigue sin ser restituida).

7. Los límites del paraíso

Las redes sociales libres son lo que las personas hacen de ellas. Y esto es cierto tanto para bien como para mal. Como Internet mismo, el gobierno de las redes sociales federadas puede ser un terreno de disputa entre quienes ven allí una oportunidad para ganar dinero y ejercer su poder, por un lado, y quienes buscan formar comunidades sanas, interesantes y plurales, por el otro.

La idea de redes no corporativas, de tecnologías de comunicación abiertas a todo el mundo, no es nueva, pero son reiterados los casos en los que éstas han sido tomadas por oligopolios empresariales. Un ejemplo clásico es el del correo electrónico. En sus orígenes, cualquiera con una computadora disponible —es decir, muy poca gente y algunas empresas— podía establecer un servidor y hospedar allí un servicio de mail que le sirviera a sí mismo, a sus amigos, a sus clientes o a su empresa comunicarse con otros. Actualmente, ese rol ya no se encuentra distribuido por todo el planeta ni organizado en pequeños nodos, sino que acudimos a empresas de tecnología transnacionales, localizadas en otros países o continentes, para lograr algo simple como enviarle correos electrónicos con archivos adjuntos a personas que viven en nuestra misma ciudad. La comodidad que encontramos al cederle esta responsabilidad a las empresas tecnológicas como Google trae dos problemas. Primero, cedemos información sobre con quiénes nos comunicamos, de qué hablamos, qué estamos haciendo de nuestras vidas, a qué servicio de subscripción nos unimos, a dónde vamos, qué proyectos tenemos, cuáles cumplimos y cuáles se frustran. Toda esta información, utilizada con fines empresariales, posiciona en un lugar de privilegio para el ejercicio del poder a estas empresas y en este mismo proceso de acumulación surge el segundo problema: se tiende de un sistema de comunicación descentralizado a otro centralizado operado por pocos agentes (Google, Outlook, Yahoo, etc.) y, probablemente en un futuro, a una mayor centralización, cuando uno de estos agentes se imponga por sobre el resto.

Si las redes sociales libres son lo que la gente hace de ellas, es la responsabilidad de las personas que conforman las redes federadas tender siempre hacia una mayor descentralización en cada ámbito de la convivencia virtual. Por ejemplo, sería conveniente que, en lugar de unirnos todos a un solo servidor argentino, se abran cada vez más, con personas de todo el país distribuidas entre estos. Esta práctica evitaría que todo el sistema dependiera de un puñado pequeño de personas (o de una sola). De igual manera, es recomendable mantener múltiples criterios de censura, de bloqueo de cuentas y normas de convivencia, distribuidos en la mayor cantidad de instancias. Cuando un solo criterio se impone, se generan comunidades cerradas, no dispuestas a comunicarse con el resto ni a generar un ambiente diverso. De hecho, ya ha surgido este problema en Mastodon, donde se ha difundido una lista de bloqueos de cuentas y servidores, armada por una sola persona, que muchas instancias han aplicado de manera acrítica y sin considerar caso por caso. Nuevamente, las redes libres son aquello que las personas hacemos con ellas.

Si hablamos de los límites del paraíso, uno de ellos, muy claro desde el principio de este artículo, es el de depender de un dictador benévolo que administre el servidor considerando múltiples perspectivas. Efectivamente, aún cuando la configuración estructural de las redes libres pueda favorecer la pluralidad, hace falta articulación política para garantizar una mayor democratización de las decisiones. Esta necesidad solamente podrá ser cubierta en algunos servidores que admitan una democracia fuerte, basada en la igualdad entre los miembros de la comunidad. Para lograr esto, algunos proponen la inclusión de instituciones ya democráticas al ecosistema virtual de las redes sociales federadas. Personalmente, adhiero plenamente a la idea de que la democracia en estos espacios se consolidará mediante procesos que provengan desde fuera del ámbito virtual y de las innovaciones tecnológicas.

8. Un futuro prometedor

Las redes sociales libres y federadas parecen ser un futuro posible para las redes sociales masivas. Aún con sus limitaciones económicas y administrativas —pues, por lo menos para los usuarios que administran cada instancia, este modelo requiere mayor esfuerzo que el uso de redes centralizadas— conforman una de las propuestas más flexibles para configurar comunidades a medida. Así, las diferentes instancias para una red social como Mastodon, desde el punto de vista económico-administrativo pueden: estar en manos de particulares, siendo abiertas y gratuitas para todo público; tener una suscripción de pago mensual; aceptar solamente miembros nuevos bajo invitación; estar en manos de un organismo público y restringir las admisiones a miembros de una comunidad específica (por ejemplo, de una universidad); o estar en manos públicas y admitir a cualquiera que quiera formar parte de la comunidad. También, desde un punto de vista de interconectividad, una instancia puede: abrirse plenamente al intercambio con otros servidores, sin establecer reglas rígidas para el trato con los demás; abrirse solamente a quienes tengan normativas parecidas a las propias; no abrirse en absoluto y ser utilizado como un recurso pedagógico (por ejemplo, una escuela que decide establecer su propia instancia solamente para los miembros de su comunidad educativa, restringiendo la comunicación con cualquiera que esté fuera); no abrirse en absoluto y garantizar un lugar seguro en la red (por ejemplo, un padre que pone un servidor para que su hijo o hija y su grupo de amigos puedan utilizar redes sociales de manera segura y aislada del resto de Internet); o abrirse solamente a otros servidores bajo un mismo proyecto (por ejemplo, una universidad que se conecta solamente con otras universidades para generar intercambio entre pares y una comunidad más grande). Por otro lado, desde el punto de vista de elección de contenido: los servidores pueden o no admitir contenido erótico, expresiones de determinadas ideologías, contenido humorístico, contenido religioso, publicaciones en todos los idiomas o solo en algunos, contenido exclusivo sobre algún tema concreto, etc. Además, estos servidores pueden establecerse a largo plazo o solamente durante un período (por ejemplo, un año, un cuatrimestre, un mes, una semana, lo que dure un proyecto conjunto). Y, como ventaja, el fin de un servidor no tiene por qué significar el fin de una comunidad, dado que las personas pueden mantener su lista de seguidos y de seguidores migrando hacia una cuenta distinta en otro servidor. En fin, las opciones continúan porque (insisto) las redes sociales libres son lo que las personas hacemos de ellas.

Como si esta flexibilidad no sea suficiente, no mencioné otro de los rasgos más llamativos de las redes sociales federadas: al ser redes que funcionan bajo un protocolo abierto, es posible diseñar nuevas redes sociales que se comuniquen con otras distintas a ellas. Imaginémonos tener una cuenta de Twitter y que ella nos sirva para comentar un video de Youtube desde la propia interfaz de Twitter o, también, seguir personas de Instagram y que aparezcan en nuestro feed. Esto, aunque aún se encuentra en fase de desarrollo, es posible en algunos casos y promete volverse más cómodo en un futuro no muy lejano. De esta manera, se garantiza una interoperabilidad, que no depende de un monopolio y habilita nuevas formas de comunicación. A su vez, esta flexibilidad —ya difícil de imaginar aún ejemplificando con casos conocidos— puede seguir ampliándose, ya que cualquier red social nueva y distinta a las anteriores puede integrarse bajo el mismo protocolo de comunicación. Las posibilidades y ventajas de las redes sociales libres, además de amplias, no son solamente político-sociales sino también tecnológicas.

D. Palabras finales

Este extenso artículo forma parte de una postura respecto a Internet, a la privacidad de las personas, al estado actual de las redes sociales más usadas, a las malas prácticas que éstas nos impulsan y al rechazo por el abundante contenido basura, comercial, superficial e invasivo al que nos exponemos todos los días durante horas. Pero en este recorrido también existe una preocupación nacional. El título Las redes de la democracia busca identificar lo unilaterales y nocivas que son las redes comerciales para plantear debates intelectuales, debates justos que no se vean afectados en su formato y contenido por temor a la invisibilidad a la que nos puede condenar El Algoritmo. Si vemos día a día un crecimiento de los discursos de odio en redes sociales (fundamentalmente de un solo “lado de la grieta”, la opción contraria yo no la compro) se debe, en parte, a que las prácticas nocivas, que anulan el debate y dejan un titular contundente, son estimuladas por un mercado que quiere a los usuarios el mayor tiempo posible frente a la pantalla. Yo estoy seguro que los debates deben escapar de esos espacios, que deben hacerse con mayor cantidad de caracteres, que pueden ser cara a cara, abrasadores y sin violencia, con respeto intelectual (respeto por el otro y también de sí) y con diversidad de voces.

Por otro lado, como mencioné en la primera nota al final, este artículo nace de la necesidad de que exista contenido en castellano sobre este tema. Ha sido un intento por recopilar, ordenar y explicar para un público específico este debate que se halla desperdigado por todo Internet sin un hilo conductor claro. El público al que me refiero es a uno con altas preocupaciones e interés por la política y bajo conocimiento tecnológico. Queriendo escribir para este tipo de destinatarios, e intentando no caer en simplificaciones como se pueden encontrar en documentales como The Social Dilemma, concluir esta publicación fue un ejercicio de por más complicado y espero poder reeditarla varias veces a medida que vaya recibiendo retroalimentación sobre aquellos puntos que no se entienden, que son insoportablemente aburridos o que falta agregar. A su vez, estas conclusiones buscan ser distintas a las profesadas por otras personas que toman esta temática: yo no quiero que las personas abandonen las redes sociales, deseo que sean conscientes del absurdo en el que están insertas y que conozcan nuevas posibilidades para poder decidir de manera informada qué es mejor para ellas.

Por último, en el largo proceso de escribir este artículo, que llevó varios borradores, semanas de escritura y meses de parón por la necesidad de priorizar actividades académicas, no solamente aprendí muchísimo sobre este tema, sino que pude profundizar, consultar con otras personas, adentrarme en comunidades digitales nuevas y darme cuenta que el tiempo dedicado a las redes sociales no me llenan en absoluto, sobre todo si lo comparamos con la realización que siento al terminar un trabajo de este estilo.

En esta despedida, les dejo a quienes quieran continuar investigando o adentrándose en estos temas el siguiente apartado donde me encargué de recuperar contenidos que creo interesantes, accesibles y recomendables. Luego de estas recomendaciones también podrán consultar toda la bibliografía citada en este artículo. Sugiero, para adentrarse en ella, volver sobre el texto al tema que más les interese y fijarse los enlaces o notas al final que en él aparecen.

Desde ya, muchas gracias por leer y prometo escribir cosas diferentes —y con otras extensiones— en futuras entregas. ¡Saludos!

E. Bibliografía y recomendaciones

Para finalizar este artículo, me parece pertinente recomendar videos y artículos donde se profundice alguno de los temas tratados o se amplíe la perspectiva a otros debates relacionado con lo charlado hasta acá. Por este motivo, dejaré aquí material que me parezca interesante en este sentido, intentando que sea entretenido, tenga relevancia y la calidad de sostener con argumentos claros lo que se afirma.

En primer lugar -y ya habiéndola recomendado en el cuerpo del artículo-, recomiendo la charla organizada por Proyecto Ballena, Libertad de expresión en tiempos de post verdad, que cuenta tanto con la participación de Ingrid Beck (ya citada en el texto), como de Martín Becerra, Patricia Kolesnicov y Ana Cacopardo. Personalmente, me cayeron especialmente bien las intervenciones de Martín Becerra (sobre todo en la que se refiere al caso de Trump):

- Centro Cultural Kirchner (2022) Mesa debate | Libertad de expresión en tiempos de post-verdad. Charla con Ingrid Beck, Martín Becerra, Patricia Kolesnicov y Ana Cacopardo. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=qtrgmJAXuQw

En segundo lugar, El dilema de las redes sociales (estrenado por Netflix en septiembre de 2020) sigue siendo un buen documental para generar impacto en quienes no tienen demasiado presente este tema. En mi opinión, comparte un mensaje pesimista y no ofrece alternativas para el uso de redes sociales, solamente dejar de usarlas. Desde mi punto de vista, apostar por las redes sociales libres puede ser una forma de salir del laberinto sin invocar esa sensación de volver al Paleolítico que genera en la mayoría decir “dejemos de usar redes sociales”. Lamentablemente, en este documental ni siquiera se tiene en cuenta esta posibilidad.

- Orlowski, J. (2020) The Social Dilemma. Distribuido por Netflix.

En tercer lugar, recomiendo #Burofax, un newsletter publicado en Cenital y escrito por Jimena Valdez acerca de política y tecnología. Lamentablemente, su último artículo fue escrito en diciembre de 2022 y no habrá nuevos. Aún así, algunas de las publicaciones son sumamente interesantes y recomendables para leer durante el 2023.

- Valdez, J. (2022) #Burofax. Publicado en Cenital durante 2020 y 2022. Disponible en: https://cenital.com/author/jimena-valdez/

En cuarto lugar: Hater, una película entretenida sobre un joven que utiliza las redes sociales con fines políticos, ejerciendo prácticas anti-éticas con resultados impactantes.

- Pacewicz, M. (2020) Hater. Distribuido por Netflix.

Artículos citados como hiperenlaces (por orden de aparición)

- Graber, J. (2020) Decentralized Social Networks. Disponible (en inglés) en: https://scribe.rip/decentralized-web/decentralized-social-networks-e5a7a2603f53

- Axbom, P. (2022) Why I left algorithm-based social media and what happened next. Disponible (en inglés) en: https://axbom.com/why-i-left-algorithm-based-social-media/

- BBC News Mundo (2022) Elon Musk completa la compra de Twitter y despide a altos ejecutivos de la compañía. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-63421417

- Roumeliotis, Kumar & Metha (2022) Musk makes $43 billion offer for Twitter to build 'arena for free speech'. Disponible (en inglés) en: https://www.reuters.com/technology/elon-musk-offers-buy-twitter-5420-per-share-2022-04-14/

- Redacción Infobae (2022) Tras otra ola de despidos en Twitter, Elon Musk aseguró que contratará una nueva camada de empleados. Disponible en: https://www.infobae.com/america/eeuu/2022/11/21/tras-otra-ola-de-despidos-en-twitter-elon-musk-aseguro-que-contratara-una-nueva-camada-de-empleados/

- Valente, C. (2022) Stop Talking to Each Other and Start Buying Things: Three Decades of Survival in the Desert of Social Media. Disponible en: https://catvalente.substack.com/p/stop-talking-to-each-other-and-start

- BBC Mundo (2022) La misteriosa X: qué se sabe de la súper app en la que Elon Musk quiere transformar Twitter. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/misteriosa-x-que-se-sabe-de-la-super-app-en-la-que-elon-musk-quiere-transformar-twitter-nid09102022/

- Conger, K. (2022) Tras la compra de Elon Musk, Twitter sale de la Bolsa y se convierte en privada: ¿qué cosas van a cambiar?. Disponible en: https://www.clarin.com/mundo/compra-elon-musk-twitter-sale-bolsa-convierte-privada-cosas-van-cambiar-_0_UJzg9G3eqt.html

- Redacción Página/12 (2020) Elon Musk reivindicó el golpe en Bolivia y Evo Morales lo cruzó. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/280818-elon-musk-reivindico-el-golpe-en-bolivia-y-evo-morales-lo-cr

- Perrigo, B. (2022) housands Have Joined Mastodon Since Twitter Changed Hands. Its Founder Has a Vision for Democratizing Social Media. Disponible en: https://time.com/6229230/mastodon-eugen-rochko-interview/

- Ma, M. (2022) The Psychology of Mastodon: The Great Migration From Twitter.. Disponible en: https://www.psychologytoday.com/intl/blog/the-tao-of-innovation/202212/the-psychology-of-mastodon-the-great-migration-from-twitter

- Udell, J. (2023) Of course the attention economy is threatened by the Fediverse. Disponible en: https://blog.jonudell.net/2023/01/19/of-course-the-attention-economy-is-threatened-by-the-fediverse/

- Naughton, J. (2023) Back to the future: how Mastodon is restoring the lost art of online conversation. Disponible en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/jan/21/back-to-the-future-how-mastodon-is-restoring-the-lost-art-of-online-conversation

- Klemens, B. (2023) Mastodon—and the pros and cons of moving beyond Big Tech gatekeepers. Disponible en: https://arstechnica.com/gadgets/2023/01/mastodon-highlights-pros-and-cons-of-moving-beyond-big-tech-gatekeepers/

- Escribano, M. (2023) ¿Adiós, Elon Musk? Por qué Twitter está más cerca que nunca de la bancarrota. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2023-01-26/elon-musk-deuda-twitter-quiebra_3563147/

- Traag, V. (2022) Take responsibility for social media. Disponible en: https://www.leidenmadtrics.nl/articles/take-responsibility-for-social-media

1. Como suele pasar con muchos otros debates en y acerca de Internet, la mayoría de bibliografía consultada para el desarrollo de este artículo está en inglés. Ésta es una de las dificultades para abrir el debate a un público que carece de conocimiento o interés en la discusión sobre Internet y, a su vez, es una de las razones por las cuales resulta necesario escribir artículos como éste.

2. Otras redes sociales bajo este modelo de negocio son: Twitch, Vkontakte (en Rusia), Taringa, Snapchat, LinkedIn, QQ (en China), Wattpad, Reddit, Tinder, Grindr y Goodreads.

3. Este “personaje”, herramienta o característica de las redes sociales comerciales puede apreciarse perfectamente (también personificado) en el documental El dilema de las redes sociales (The Social Dilemma, 2020), estrenado en Netflix en septiembre del 2020.

4. Sobre este tema, hay un extenso artículo escrito por Cat Valente, que pone en voz de las empresas la frase «Dejen de ser humanos. Un bot sin mente que haga compras regularmente es todo lo que necesitamos». Dicho artículo está disponible acá.

5. Este uso de las redes que hacen -por ejemplo- los periódicos, poniendo un título ambiguo o que no se condice con el contenido de la nota, es una práctica que debemos reprocharles a los medios que la llevan adelante. Aún así, debemos ubicar el origen del problema en las redes sociales que premian ese tipo de publicación.

6. Si bien existen normas claras de convivencia (como no agredir a las personas por su religión), en ningún lugar las plataformas nos avisan de los criterios que seguirán para reducir la visibilidad de las publicaciones. De hecho, las redes sociales no reconocen ni advierten a sus usuarios dicha censura, lo hacen “desde las sombras”.

7. Esta medida se anunció como solución a los ejércitos de bots (automatización masiva de cuentas) y trolls (contratación de usuarios para que controle múltiples cuentas con un objetivo común a pedido del contratante), pero no parece atacar dicho problema de manera eficiente y, además, terminó siendo justificada a partir de argumentos económicos que no tienen que ver con el tema.

8. Por supuesto, este ambiente puede cambiar con un incremento masivo en la cantidad de usuarios de la plataforma. Pero, de cualquier forma, veremos que la propia estructura de la red puede ayudar a mantener estas formas.

9. Esto es en parte cierto. Hoy en día las empresas se han vuelto cada vez más celosas de su oligopolio y han cerrado muchas puertas a la inmensa federación que es el mail. Una de las formas más comunes de inhabilitar a otros en su juego es pasar por spam (o “contenido no deseado”) los correos recibidos desde cuentas creadas por fuera de las grandes empresas de tecnología antes mencionadas.

10. Que conste: estos ejemplos no son inventados, son tomados de mi propia experiencia en redes sociales, especialmente en Facebook.

11. Estas son las cuatro libertades del software libre, propuestas por la Free Software Foundation.

12. Actualmente, quienes desean apoyar la plataforma pueden hacer aportes mensuales a su fundador. Aunque, también, pueden apoyar cualquier otro desarrollo basado en el proyecto original.